A lo largo de la historia las montañas pirenaicas, acceso a la Península Ibérica, siempre han representado un foco de atracción para las diferentes culturas que por allí han pasado, con afanes de colonización de nuevas tierras o desde un punto de vista estratégico militar. Es a partir del s. XVIII cuando se suele considerar que cambia la mentalidad con respecto a la montaña convirtiéndose en un elemento de admiración y estudio, en definitiva el inicio del "Pirineismo".
En 1802, el geólogo Cordier y el guía Barrau, otro de los personajes emblemáticos en los primeros grandes pasos del pirineísmo, intentan el ascenso de la Maladeta con fines científicos, pero sólo llegan hasta la cresta. Finalmente, en 1817, Barrau y Parrot logran coronar la cumbre de la Madaleta.