Gobierno de Aragón

Descubriendo la Garganta de Escuaín

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El pasado sábado, 10 de noviembre, se realizó la excursión con los premiados del Viajero Aventurero.

Tras un verano intrépido recorriendo los centros de interpretación de los Espacios Naturales Protegidos, y llevando a cabo actividades, paseos guiados, 16 participantes entregaron a la Red Natural de Aragón su pasaporte completamente sellado.  También recibimos muchos pasaportes con menos de 6 sellos, en este caso se premió su esfuerzo con una mochila y libros del Centenario del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido.

Los que entregaron el pasaporte sellado completamente, tuvieron como recompensa una excursión y visita guiada por el otoño del Parque, en la Garganta de Escuaín

A las 8.00 de la mañana del sábado 10 de noviembre, salió el autobús desde Zaragoza rumbo Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido.  El ambiente muy alegre,  a pesar de la mala climatología y previsión para todo el día.

Tras una parada técnica, a las 11:00 nos encontrábamos en el inicio de nuestro recorrido: Los Miradores de Revilla, en la Garganta de Escuaín.

 

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En 1918, hace 100 años, pocos días después de que el Sitio De Covadonga fuera declarado Parque Nacional, el rey Alfonso XIII declaró al valle de Ordesa Parque Nacional. En 1982, el Parque fue ampliado hasta 15.608 hectáreas para englobar los valles de Añisclo, Escuaín y Pineta.

Desbordantes de ilusión  comenzamos el camino por los Miradores de Revilla, una ruta sencilla que discurre por la vertiente meridional de la sierra de Las Sucas, en la garganta excavada por el río Yaga.

Durante todo el recorrido nos acompañó la lluvia y la niebla que de vez en cuando se abría y nos dejaba ver los colores del bosque. En nuestro camino observamos una variada vegetación: robles, abedules, bojes, acers, escaramujos, eléboros… La rica biodiversidad del valle de Escuaín también se nos mostró con la presencia de tilos, hayas, abetos, pinos, fresnos y abedules,… y acogiendo una riquísima avifauna, que esta vez se dejó poco ver pero si oír. 

 

Pasamos el barranco de Consusa y el camino nos llevó hasta Peña Faixa (1.227m).Allí hicimos un alto en el camino, para observar nuestro alrededor, la densa niebla no nos dejaba ver el Castillo Mayor, pero si pudimos apreciar los sonidos de la naturaleza. En este punto, el camino hace un cambio evidente de orientación (N).  Seguimos nuestro camino hasta llegar  a las inmediaciones de la pared de roca donde se encuentra los restos de la ermita de San Lorien,  Ermita rupestre, cuyos orígenes pueden remontarse a comienzos del siglo XI. Nos adentramos en ella donde imaginamos que fue una construcción sencilla, al abrigo de una imponente pared rocosa en donde rebosa agua y habitan plantas rupícolas como la petrocoptis sp .

IMG_7073Observando la vida de la roca nos llamaron la atención unos enigmáticos grabados: “Se cree que comenzaron a grabarse en el siglo XVI y que se siguieron realizando incisiones en la roca hasta bien entrado el siglo XIX (como demuestran las fechas que acotan las figuras). Los grabados no parecen corresponder a un conjunto ordenado de imágenes, se trata de elementos solitarios y dispersos. Algunos de ellos son fácilmente interpretables: las cruces, las siluetas humanas y las cifras que indican diferentes años. Sin embargo, hay trazos que siguen constituyendo un gran misterio. Varios autores coinciden en calificarlo como manifestaciones populares de carácter religioso (acciones de gracias o rogativas a la divinidad) probablemente ejecutadas espontáneamente por pastores. Sin embargo, algún estudioso defiende que estos grabados corresponden a un programa místico-esotérico o, incluso, a un estudio estelar y cosmográfico de época medieval atribuible a seguidores de la Orden del Temple.”
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Seguimos nuestro camino y la densa niebla, aunque nos privó del disfrute de las vistas, nos permitió hacer un paseo pleno y relajado… todos manifestamos el bienestar que sentimos. Salió a la luz “Los Baños de Bosques” y su beneficio para la salud; comentamos cómo el bosque afecta a nuestros cinco sentidos reduciendo el estrés, y sentimos cómo el aire de bosque  está lleno de fitoncidas, que son los aceites naturales que los árboles segregan para protegerse de insectos, hongos y bacterias. Su sistema de defensa beneficia al nuestro. 

Entre conversaciones, observaciones y un bienestar general llegamos al mirador de Angonés, donde el día nos regaló una ventanita de luz y pudimos disfrutar de la garganta del río Yaga, y un mosaico de colores otoñales que nos ayudaron a interpretar agrupaciones vegetales.

 La garganta de Escuaín es uno de los mejores lugares de todo el Parque Nacional para observar quebrantahuesos y otras aves rapaces pero la lluvia hizo que no pudiéramos disfrutar de sus majestuosos vuelos.

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La intensidad de la lluvia, que regresáramos por el mismo camino a coger el autobús rumbo Tella, donde, tras reponer  fuerzas con apetitosas viandas, visitamos el Centro de Interpretación del Tella y el Museo de las Brujas. Aquí, las educadoras ambientales del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, nos hablaron del patrimonio natural y cultural del valle del Yaga, el cual alberga excepcionales conjuntos de cuevas y simas; aquí se encuentra la cueva más profunda de España: el “Sistema de las Fuentes de Escuaín” (también conocido como Sistema Badalona), que tiene 4.198 km de galerías subterráneas y presenta un desnivel de 1.151m entre su boca de entrada y su salida. Esta cueva es un claro ejemplo del efecto del agua sobre la roca caliza: la roca se disuelve y el agua modela espectaculares paisajes tanto en superficie como en el mundo subterráneo. A su vez, el paisaje ha sido moldeado también por la presencia humana, la presencia del Dolmen megalítico nos evidenció presencia humana en el valle desde tiempos remotos, que irían evolucionando y adaptándose al medio… grandes praderas y campos que fueron abiertos en las zonas que ocupaba el bosque, nos lo demostraron. Agricultura, ganadería, el uso de las plantas medicinales nos dieron una idea de la forma de vida en Tella.  Un paseo por su única calle nos descubrió la arquitectura tradicional pirenaica: piedra, tejados de losa, pocas ventanas y chimeneas altísimas decoradas con espantabrujas.

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Tras descubrir este rincón del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, regresamos a Zaragoza con la buena sensación de haber disfrutado de un día otoñal muy especial y cerrando así el Pasaporte del Viajero Aventurero.

 

 

 

Álbum fotográfico

 

 

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